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Luis Lázaro: “Los datos nos salvarán la vida”

Luiz Lázaro en las oficinas de MMG.

Luis Lázaro es ingeniero de software, “un analista programador de toda la vida”, como él mismo señala. Sin embargo, decidió cambiar la programación por los datos. Y, a día de hoy, la programación en el paradigma del Big Data se ha convertido en su campo de batalla. Luis comenzó en MMG en el Departamento de Inteligencia Artificial, en el área de reciente creación Research Big Data.

Tal y como explica, “MMG quería entrar en este campo desde el ámbito de investigación”. Desde su punto de vista, las necesidades de la empresa y los perfiles del departamento están más orientados a producción que a investigación. El departamento se ha reorientado recientemente, por lo que, en estos momentos, asegura: “Me pillas en un impás”. Ahora el departamento se ha movido a IT para colaborar más estrechamente con otras piezas fundamentales del ciclo de vida del software. El objetivo es que haya una colaboración entre administradores de sistemas, Devops y arquitectos.

Podría decirse que el Big Data llamó a su puerta. Este ámbito de la programación y el tratamiento de datos, tan de moda últimamente, entró en su vida a través de la Universidad Alfonso X El Sabio. En aquel momento, Luis Lázaro cambió la energía fotovoltaica por los datos. Tras su paso por IcoEnergía y en plena búsqueda de empleo, la universidad se puso en contacto con él. Su departamento de software, CEDIANT, buscaba perfiles senior de desarrollador en Java. Querían crear un equipo de Big Data para hacer investigación y consultoría orientado a todo tipo de sectores, pero centrado en el bancario. “En Keedio conocí a mucha gente que tenía una amplia experiencia en Big Data y aprendí un montón”.

Luis estuvo 5 años en este proyecto, donde conoció a David González, con quien dio el salto a MMG. Según detalla, decidió abandonar Keedio porque el trabajo pasó a centrarse, fundamentalmente, en labor de consultoría y preventa. “Cada vez dedicaba menos recursos a ideas y productos internos”, señala.

Su experiencia con el Big Data le hace pensar que sí puede ser un negocio en la salud. Sin embargo, asegura que lo difícil es encontrar el modelo. “No tengo en mente un producto definido con el que pueda decir: esto va a ser la bomba”, explica.“Creo que siempre he tenido más aptitudes analíticas y resolutivas que creativas, al fin y al cabo me formé con analistas”.

En el caso de los bancos, el Big Data ha dado mucho valor a sus datos explotándolos con las herramientas adecuadas. “Pero también ha sido una herramienta mal usada, es decir, por mi experiencia se usaba para todo, porque estaba de moda”, asegura.

A su juicio, podría hacerse lo mismo en el ámbito de la Medicina: explotar el valor del dato. Sin embargo, Luis plantea un dilema: ¿hasta qué punto los datos de salud pueden convertirse en un negocio? Prefiere pensar que toda esta información se usará como un servicio al ciudadano y a su salud. En su opinión, “estamos en los comienzos del Big Data, y algún día los datos nos salvarán la vida, porque estamos en los albores de la medicina de precisión, gracias al Big Data”.

Primeros pasos, con militares

Pero sus primeros pasos en el mundo laboral no fueron por este camino. Su carrera profesional empezó en Telefónica (Movistar), trabajando para el Ministerio de Defensa en el CIDA (Centro de Investigación y Desarrollo de la Armada). Comenzó como operador de redes y fue moviéndose hacia el área de programación. Su trabajo se centraba, principalmente, en el desarrollo de software para telecomunicaciones y monitorización.

Tras 9 años en Telefónica decidió tomar otro rumbo. “Necesitaba un cambio”, asegura. Luis reconoce que el Ministerio de Defensa “era un buen cliente”. Tal y como explica, nunca había tenido ningún vínculo con el cuerpo militar, pero en su opinión ha sido uno de los mejores clientes. “Tengo muy buenos recuerdos de ellos. Siempre me trataron muy bien”.

De Málaga a Malagón

Después de 9 años, Luis solo veía 2 opciones: seguir y hacer carrera “como un funcionario” o buscar aire fresco. Él optó por lo segundo. Como su situación económica se lo permitía, decidió tomarse un año sabático. Quería poner fin a largas jornadas y salir de un trabajo que ya se había convertido en rutina. Su idea era poder hacer sus propios desarrollos y empezó a hacer “cosillas” por su cuenta, incluso se planteó ser autónomo.”De repente, un día me llamaba un excompañero del trabajo o un viejo amigo y me pedía si le podía hacer un módulo de software para esto o para aquello otro, y yo pues me ponía a hacerlo”, asegura entre risas. Además, quería poder gestionar mejor su tiempo, dedicarse a otros aspectos que había dejado abandonados, como el deporte. “Salí quemado porque fue muy estático”.

Pese a haberse planteado esta nueva etapa como un periodo más tranquilo, la realidad fue otra. Esos “pequeños favores y trabajillos” que iba asumiendo, al final, absorbían buena parte de su tiempo. “Trabajaba hasta 12 horas en un día”, recuerda. “Salí de Málaga y me metí en Malagón”. Pese a la carga de trabajo, Luis recuerda ese año como un periodo “muy positivo”. Entró en contacto con antiguos compañeros y comenzó un proyecto distinto a todo lo que había hecho hasta entonces.

“Me dio un venazo y comencé a colaborar con la Fundación Alia2”. Esta organización sin ánimo de lucro lucha contra la pornografía infantil en internet. “En aquel momento necesitaban un informático desarrollador, así que me metí a ayudarles una temporada. Hacía programas para detectar contenidos inapropiados para menores, explica. “No me pagaron nada, pero fue muy interesante”.

 “Tienes que dar de ti”

Tras este intenso año, Luis se incorporó a IcoEnergia. Esta empresa se dedica a hacer diseños para plantas fotovoltaicas. Su perfil encajaba debido a su amplia trayectoria en monitorización de dispositivos de redes. Querían un software de monitorización de plantas fotovoltaicas para medir el rendimiento y gestionar el control. “Profesionalmente, fue una experiencia, pero cuando terminé el desarrollo, decidí marcharme. Si me quedaba iba a hacer microinformática”.

Antes de llegar a MMG, Luis ya conocía el mundillo start-up. Según asegura, las grandes empresas tienen el inconveniente de ser muy estáticas, monolíticas y piramidales. No obstante, reconoce que también tienen sus ventajas: están más estructuradas. “La start-up te permite aportar muchas ideas, pero tienes que casarte con ella”. “Tienes más libertad, pero también tienes mucho más trabajo”. “Una start-up está creciendo. Tienes que dar un poquito de ti. O ayudas a que salga adelante, o te buscas un trabajo en Telefónica”, indica.

En estos momentos, su trabajo en MMG se centra en el storyline de MedsBla. “Este proyecto es una especie de muro o red social en el que los usuarios generan contenido”, asegura. El objetivo es poder recomendarles contenidos a otros usuarios de la plataforma, es decir, compartir experiencias. “Nuestra idea es profundizar en un recomendador de contenidos especializado”, añade Luis Lázaro. La interacción del usuario con ese contenido pondrá sobre la pista a MMG para saber qué es lo que interesa y lo que no. De esta forma, explica, se personalizará la aplicación en función de las necesidades de cada usuario.

Si tuviera que presumir de algo de MMG es de sus productos. Para Luis, que “venía de trabajar para el diablo” (los bancos), trabajar en el sector de la Medicina es un orgullo. “Quiero pensar que contribuimos al bien de la humanidad”, destaca. Por el contrario, echa en falta una mejor integración de los equipos. “Tenemos muy buenas ideas, muy buenos productos, pero nos falta la integración de equipos”, señala.